La política perfecta

La mejor película política de la historia comienza con quince minutos absolutamente inolvidables. El inicio se corresponde a un plano general sobre las Sierras de Castilla, que se detienen ante la cruz del monumento en el Valle de los Caídos. Los planos siguientes son distintas tomas aproximativas al monumento, a sus gigantescos y horribles hombres de piedra, hasta llegar a las oscuridades de una catacumba. Nuevamente el eje es una cruz, y el plano nos revela que estamos ante la tumba del entonces recientemente fallecido dictador español Francisco Franco. Inmediatamente nos encontramos recorriendo en auto las autopistas barcelonesas desde una prolija cámara que opta por encuadrar edificios de residencia inconfundible. Comienza a sonar el rápido pulso de la música de Carles Santos. De un estacionamiento subterráneo emergemos a calles de urgencia, en una tarde catalana de 1976. Plano aéreo de Barcelona. Vuelta al punto de vista del auto. Nos conducimos al punto neurálgico de una protesta. De a poco, el pueblo va ganando la calle. El pulso de música y montaje es constante, y a fuerza de repetición la película genera un in crescendo climático que avanza desde las calles, las banderas desplegadas, las marchas en Barcelona y Madrid, los tumbos y la vitalidad de la cámara en mano de 8 y 16 milímetros, con fragmentos de ficción con esas marchas como puesta en escena. Crece la intensidad, las masas van avanzando, homogéneas y desafiantes, por la rambla. El grito inconfundible se mezcla con la música repetitiva, creando un sonido homogéneo y coherente. Se canta la consigna defensora de la resistencia: "El pueblo, unido, jamás será vencido". Cine total. Una concentración en algún estadio. Final abrupto. La lucha en las calles da lugar a la discusión política. Primera mesa. Como designio, un imán ahora inconfundible atrae a la cámara: primer plano para Felipe González, el más lúcido y carismático de una mesa socialista y comunista, seis años antes de asumir el poder.


Informe General sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública fue filmado durante 1976, meses después de la muerte de Franco. España comenzaba a vislumbrar la salida de la dictadura, tironeada en ese mismo moento por contradicciones dentro del propio régimen, el comienzo de la participación popular, las durísimas estructuras franquistas ("el bunker", que dominaban el ejercito y el Consejo del Reino), la lenta traza del Rey hacia el camino democrático, y las discusiones y la notable lucidez de una dirigencia política que antepone a todo la unidad para una salida democrática y libre. Portabella se estabiliza afirmandose sobre esa lucidez, cuya mayor virtud fue, en aquella época, la perfecta conciencia sobre la incierta correlación de fuerzas en el terreno político, la necesidad de conquistar las grandes masas populares sedadas por cuarenta años de franquismo, y la puesta en primer plano de la busqueda de denominadores comunes. Las movilizaciones generaban las condiciones, corrían las márgenes de posibilidades; los moviimentos políticos, en los avances a partir del consenso, realizaban las conquistas. En las calles se sucedían protestas pacíficas, represiones sangrientas (como la realizada sobre una huelga en Vitoria-Gasteiz, donde la Guardia Civil entro en la iglesia de San Francisco de Vitoria a puro gas lacrimógeno y asesinó a mansalva a los primeros en huir de los gases; la película da cuenta de la protesta posterior a esta masacre, que terminó volteando al presidente continuista Carlos Arias Navarro), atentados y aumento de escalada de violencia. Informe General presenta la conquista de la democracia, poniendo a la luz las charlas surgidas a partir de la siguiente única pregunta: ¿Cómo ven la salida de una dictadura a un estado de derecho? En las charlas participan, en distintos grupos, y con distintas puestas en escena coherentes, con el sentido dramático que se impone, los polóticos más importantes de ese denominador común de ruptura total con el régimen, de democracia y libertad como plataforma necesaria para la realización de los pueblos y las nacionalidades. Políticos que después serían quienes llevarán adelante la transición y la democracia.  De partidos de izquierdas (los socialismos, comunismos, marxismos-leninismos), las centrales obreras (Comisiones Obreras, Unión General de Trabajadores, Unión Sindical Obrera), movimientos obreros, representantes de movimientos de las distintas nacionalidades que conforman España, republicanos católicos, monarquistas, exiliados. Una España heterogénea, laica y progresista, frente al tradicional oscurantismo reaccionario y uniformante.


El final es de una lógica político- cinematográfica que sintetiza el más perfecto paso narrativo como voluntad de puente al futuro: la perfección de la belleza de Salomé en la voz de Montserrat Caballé.


La exposición de esta realidad y compromiso que adquiere la obra por su carácter indispensable como parte de una lucha, hacen que Informe General tenga la posibilidad de ser algo útil a unos fines. Pero lo que realiza a esta como una película perfecta es su conciencia de cine y su constante discurso respecto a su fenómeno, en este marco y con los fines mencionados.


Portabella expone un común denominador político a través de un discurso cinematográfico. Ningún momento de la película deja de responder a una puesta en escena coherente con la idea de que eso era cine, y que además era un cine, en todo sentido, alternativo. Como si el lenguaje cinematográfico fuese parte de la lucha por la libertad. Conciencia de artista. Un año más tarde, Portabella fue electo legislador constituyente y participó de la creación de la nueva era española. Posteriormente, fue dos veces legislador por Catalunya. En Informe General puso en escena, en todo sentido, lo mejor del idealismo republicano español a favor de la tolerancia y la diversidad. una película que sostiene que la política es, como decía Ortega y Gasset: "dibujar atractivos y animadores horizontes".

Autor:Agustín Campero
Tornar