El silencio antes de Bach - Un film de Pere Portabella (2007)

Die Stille vor Bach es una aproximación a la música y a las disciplinas y oficios que la rodean a través de la obra de Johann Sebastian Bach. Una mirada sobre las profundas relaciones dramatúrgicas que existen entre imagen y música, de manera que no se concibe esta última, como un mero subrayado subsidiario de la imagen, sino como sujeto paritario del relato.

Así que parte de una estructura musical previa. La banda sonora se nutre de obras de J.S.Bach, de dos sonatas de Félix Mendelssohn y un estudio de Györg Ligeti, que crean una bóveda arquitectónica bajo la cual transcurre la historia de la película. Un paseo por los siglos XVIII, XIX y XXI de la mano de J.S.Bach.

Johann Sebastian Bach llega con su familia a Leipzig para ocupar el puesto de Cantor en la Escuela de Santo Tomás. Trabajador aplicado y devoto, su posición social y laboral dista de ser privilegiada; pero su fama como compositor e intérprete crece exponencialmente a lo largo de su vida y trasciende su muerte, siendo el en presente tanto un referente alto cultural como un icono popular.

Punto.

No hay más argumento en esta película. Como en todas las de Portabella desde hace treinta años, Die Stille vor Bach es cine despojado de anécdota. Ni se desvela ninguna intimidad, ni explota ningún escándalo, ni se cuenta prácticamente nada que no se sepa; Bach, de hecho, aparece, propiamente hablando, ene escasas escenas: es exactamente el opuesto de un biopic. Es también el opuesto del formato teleserie hinchado a 35mm (en las películas comerciales actuales, los personajes hablan por los codos porque la industria de producción de películas ya no cree en la imagen ni en el cine).

Apenas se habla, pero podríamos decir que esta película habla fundamentalmente de dos cosas: del trabajo y de la Historia.

Es a través del trabajo que esta película elige hablar del arte. Bach no es un genio que crea ex nihilo por pura y cristalina inspiración divina. Es un trabajador inagotable que vende su dedicación y el producto de su inteligencia creativa a cambio de (poco) dinero. Tiene que pelear por mantener su puesto de trabajo y es un compositor consciente de las condiciones materiales que hacen posible su música. Toda la película está filmada con sonido directo, remarcando de esta manera cómo la música procede siempre de la técnica y de la fisicalidad de los diferentes instrumentos, así como el esfuerzo y del virtuosismo de su ejecución. Bach enseña a su hijo que la música que suena en el interior de su cabeza se socializa precisamente mediante su técnica de interpretación. Los personajes de esta película, por lo general, y no sólo Bach, trabajan: hay camioneros que interpretan música, carniceros que empaquetan vísceras con partituras de Bach y afinadores de pianos que son ciegos. Se podría decir que esta película también trabaja, pues rechaza limitarse a explotar las bajas pasiones o las expectativas o la necesidad de evasión del espectador, a quien se le solicita también participar del trabajo de la película.

En Die Stille vor Bach no hay una historia lineal: la película avanza, como siempre en el cine de Portabella, por medio de secuencias sin otra relación "causa-efecto" que la que le atribuya el espectador, último destinatario. Si hay, a cambio, bastante de Historia, aunque nos encontremos frente al opuesto de una superproducción histórica. Se trata de una película europea. Europa es su nacionalidad, porque Europa es el campo afectivo, simbólico, histórico y político que la sustenta: es el escenario donde tiene lugar. Esta película (filmada en tres idiomas: castellano, italiano y alemán) sostiene que Europa no podrá seguir adelante sin reconocer que bajo su pasado (hoy transmutado en un escenario turístico pateado por jóvenes mochileros) y su incierto presente político (dominado por la tecnocracia y la amnesia) subyace una Historia tensa, conflictiva, dramática (el corazón de la película se situa en Dresde). Que el esplendor de su cultura es inseparable del sufrimiento y de la explotación infligida durante siglos, que en su base hormiguea una multitud como la del mercado de Leipzig. Que su presente no es menos tumultuoso y ambivalente que su pasado.

Autor:Marcelo Expósito
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