Un instante de verdad

De editarse en formato digital una edición especial de El conde Drácula (1979), la película del prolífico director español Jesús Franco que Vampir-Cuadecuc a su vez somete y vampiriza, sería inestimable la inclusión como extra de esta última. No estaríamos ante una primera vez: muchos documentos sobre el rodaje de determinados filmes encarnan mayores virtudes cinematográficas que la estrella central. De todas formas, en este caso no se trata sencillamente de eso. Pere Portabella reinventa el "making of" antes de que éste existiera como pseudogénero audiovisual. Y lo hace con una libertad creativa absoluta, alimentándose del material puesto delante de la lente como base para la construcción de imágenes únicas y proteicas, contrapuestas a la tradicional idea de la reproducción imparcial de lo que "está ocurriendo"; tomando prestados elementos del vanguardismo y del cine independiente de la época, montando a destajo con la elipsis como recurso principal, trabajando el sonido de manera atípica (se trata esencialmente de un film mudo, en el que el sonido directo ha sido reemplazado por los más dispares ruidos y sonoridades, creados y yuxtapuestos por el compositor Carles Santos, a quien Portabella le dedica por completo dos cortometrajes). El resultado: setenta minutos de genial inventiva y una envidiable capacidad para captar ciertas esencias intangibles en cada una de las imágenes que los componen.


Que El conde Drácula sea apenas un clon de inferior calidad de los filmes de la Hammer no es materia de discusión (por cierto, los títulos de apertura de Vampir-Cuadecuc informan que la película de Franco es una producción del famoso sello británico, error que seguramente tiene su origen en el hecho de estar protagonizada por Christopher Lee, actor regular de la productora). Lo sorprendente es que Portabella no sólo narre el proceso de gestación de ese relato cinematográfico que se desarrolla ante sus ojos (el film de Franco), sino que se las ingenie para contar nuevamente la historia de Drácula; a su manera, Vampir-Cuadecuces una particular versión del clásico de Bram Stoker elaborada alrededor de la deconstrucción del imaginario visual del famoso vampiro, creado y sostenido a lo largo de decenas de versiones anteriores. Las cámaras del catalán siguen a las del madrileño durante el rodaje, pero también, como si se tratara de vampiros fílmicos al acecho de sus victimas, se entrometen en los ensayos del reparto de donde se succionan algunos de los momentos más inolvidables, tomas y repeticiones de tomas QUE NUNCA QUEDARÁN IMPRESAS en la emulsión en colores y pantalla ancha de Franco; pero sí en los 16mm en blanco y negro de Portabella. En ese juego entre realidad y ficción, en los resquicios abiertos entre la mampostería de cartón y el maquillaje teatral, asomando detrás de la guardarropía y de los colmillos descartables, se adivinan los alcances reales de una operación cinematográfica que se presenta lúdica pero se sabe profunda.


Hay en Vampir-Cuadecuc un plano de una belleza tan fugaz como fulgurante que ilustra a la perfección esta idea. Soledad Miranda, la actriz favorita de Franco por aquellos años -quién moriría apenas unos meses después del estreno de esta película en un accidente automovilístico-, ensaya algunas líneas del guión, por completo absorta en su papel, cuando de pronto, en un instante que no debe durar más de un segundo, gira el rostro a cámara y guiña un ojo. La sorpresa es tan grande, en particular si el espectador está realmente concentrado en el drama que se está desarrollando, que el efecto realista que irrumpe desde la pantalla tiene la capacidad de perturbar momentáneamente el estado contemplativo de quien observa, aparentemente seguro de sus sentidos, desde la butaca. Una capa de realidad irrumpe con fuerza desde el fondo de esa otra realidad en construcción que es el ensayo antes del rodaje, un impagable instante de Verdad. Luego Christopher Lee se dedica a la lectura del último párrafo de la novela de Stoker, y el sonido extemporáneo le cede el lugar a la inconfundible tonalidad de voz del actor británico. Vampir-Cuadecuc es, desde cualquier punto de vista, una experiencia inolvidable.

Autor:Diego Brodersen
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