Cine silencioso

El cortometraje más conceptual de Portabella, donde se impone el gesto sobre el texto, la intervención sobre la producción. Carles Santos interpreta virtuosamente, en su primera mitad, un preludio de Chopin al piano, y en la segunda escucha su misma interpretación. A mitad de camino de su escucha de la grabación en un aparato de cinta, se pone los auriculares y deja al espectador ante un silencio completo que dura el tiempo exacto de lo que resta de preludio. No sólo el corto esta partido al medio, dividido con precisión matemática entre interpretación y escucha, sino dispuesto sistemáticamente entre el vivo y su reproducción, el registro y la privación de su efecto, entre ejecución y fruición. La geometría última que propone Portabella parece reunir un ideal de proporción renacentista que contiene la melancolía desbordante de Chopin, y la transforma en la que es tal vez su pieza más abstracta y autoreflexiva, en doble sentido. En el primero, la reflexividad se extiende sobre el registro cinematográfico (preciso, escueto, enfatizando la dimensión mecánica, cinematográfica, de la operación de la cámara). En el segundo se expande hacia lo musical, con Carles Santos sonando dos veces -en vivo y grabado- y dejando hacia el final, en ese playback con auriculares, la experiencia de un silencio en el que continúa un Chopin escamoteado al espectador, un cine que no es mudo sino silencioso, creador de un silencio activo, poblado de sonidos a imaginar.

Autor:E.A.R.
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