El cine como campo de batalla

Carles Santos ensaya una pieza musical con miembros del coro del Liceo de Barcelona, la misma institución de donde regresara una década antes como alumno destacado. Ahora ya no estudia allí sino que dirige, y los integrantes del coro parecen por lo general bastante mayores que él. La formalidad de la etiqueta  de varios miembros - de traje y corbata y anteojos de carey los hombres, de vestidos decorosos y collares de perlas las señoras- contrasta con la audacia energética del fragmento musical ensayado una y otra vez ante una cámara que los registra de una manera obsesiva, reiteradamente. Son como personajes de José Luís Garci animando un coro dirigido al estilo de John Cage, pero filmados por el Jean Marie Straub de Crónica de Anna Magdalena de Bach. El resultado es un cortometraje que muestra al teatro Els Lluisos como una catacumba resonante y al coro como una extraña máquina entre los arrestos y las detenciones, entre el ulular de voces que chocan siendo puro sonido y algunas interferencias de un catalán articulado, único idioma en el Portabella de entonces. Los aspectos cuidados, las poses cuasi reprimidas de los coreutas en los descansos o preparativos contrastan, en la violencia de cada explosión sonora, con la dimensión contracultural que la experiencia de Santos comporta en el seno del mismo Liceo, en una Barcelona dispuesta a no resignarse ante la asfixia política y cultural que muchos por entonces todavía creían larga y firme. Santos circula frenéticamente por el coro, se cruza con sus secciones, y la cámara también traza sus recorridos; un artista se cruza con otro y Play Back recuerda que el cine se sostiene como campo de batalla. En su desborde pragmático, es el complemento exacto de la estética de la sustracción y del vacío que propone Acció Santos.

Autor:Eduardo A.Russo
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