Pont de Varsovia. Crítica

El director catalán Pere Portabella viene disfrutando últimamente de una publicidad inusual en Nueva York. En septiembre pasado, el MoMA trajo de Chicago una retrospectiva única en su clase en Norteamérica. En enero, el Film Forum proyectó Die Stille vor Bach durante dos semanas en sus salas. Y ahora el MoMA revive el drama de 1990, Pont de Varsovia (una obra anterior de este cineasta infrecuente) para unos pases a lo largo de una semana. Visto que Pere Portabella se niega a editar su obra en DVD para particulares, esta última oportunidad de conocerle es un regalo excepcional.


De una confianza suprema, de osadía experimental, comprensible de forma intermitente y siempre absorbente, Pont de Varsòvia es un collage de imágenes y sonidos, unidos de forma imprecisa por un puñado de personajes: un escritor, un conductor y una bióloga marina. Aluden a una trama pero al final funcionan mas como abstracciones para introducir ideas más generales sobre el destino, el azar y la voluntad con fondo de literatura, arte y música. Abundan las escenas de una visceralidad pasmosa, sean de un ensueño de arquitectura Barcelonesa, de una sinfonía urbana al aire libre compuesta por músicos dispersos, de una escena de opera en un mercado de pescado o de un avión apagando un fuego en el bosque. El efecto es arrollador y agotador pero siempre asombroso.

Autor:Stephen Garrett. Time Out New York. Junio 2008
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