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ARCHIVO

Un instante de verdad
2006
Diego Brodersen

De editarse en formato digital una edición especial de El conde Drácula (1979), la película del prolífico director español Jesús Franco que Vampir-cuadecuc a su vez somete y vampiriza, sería inestimable la inclusión como extra de esta última. No estaríamos ante una primera vez: muchos documentos sobre el rodaje de determinados films encarnan mayores virtudes cinematográficas que la estrella central. De todas formas, en este caso no se trata sencillamente de eso. Pere Portabella reinventa el “making of” antes de que este existiera como pseudogénero audiovisual. Y lo hace con una libertad creativa absoluta, alimentándose del material puesto delante del lente como bases para la construcción de imágenes únicas y proteicas, contrapuestas a la tradicional idea de la reproducción imparcial de lo que “está ocurriendo”; tomando prestados elementos del vanguardismo y el cine underground de la época, montando a destajo con la elipsis como recurso rector, trabajando el sonido de manera atípica (se trata esencialmente de un film mudo, en el que el sonido directo ha sido reemplazado por los más dispares ruidos y sonoridades, creados y yuxtapuestos por el compositor Carles Santos, a quien Portabella le dedica por completo dos cortometrajes). El resultado con setenta minutos de genial inventiva y una envidiable capacidad par captar ciertas esencias intangibles en cada una de las imágenes que los componen.

Que el conde Drácula es apenas un clon de inferior calidad de los films de la Hammer no es materia de discusión (a propósito los títulos de apertura de Vampir informan que la película de Franco es una producción del famoso sello británico, error que seguramente tiene su origen en el hecho de estar protagonizada por Christopher Lee, actor regular de la productora). Lo sorprendente es que Portabella no solo narra el proceso de gestación de ese relato cinematográfico que se desarrolla delante de él (el film de Franco), sino que se las ingenia para contar nuevamente la historia de Drácula: a su manera, Vampir es una particular versión del clásico de Bram Stoker elaborada alrededor de la deconstrucción del imaginario visual del famoso vampiro, creado y sostenido a lo largo de decenas de versiones anteriores. Las cámaras del catalán siguen a las cámaras del madrileño durante el rodaje, pero también, como si se tratara de vampiros fílmicos al acecho de sus victimas se entrometen en los ensayos del reparto de donde se succionan algunos de los momentos más inolvidables, tomas y repeticiones de tomas  QUE NUNCA QUEDARÁN IMPRESAS en la emulsión en colores y pantalla ancha de Franco sino en los 16mm en blanco y negro de Portabella. En ese juego entre realidad y ficción, en los resquicios abiertos entre la mampostería de cartón y el maquillaje teatral, asomando detrás de la guardarropía y los colmillos descartables, se adivinan los alcances reales de una operación cinematográfica que se presenta lúdica pero se sabe profunda.

Hay en Vampir un plano de una belleza tan fugaz como fulgurante que ilustra a la perfección esta idea. Soledad Miranda, la actriz favorita de Franco por aquellos años –quién moriría apenas unos meses después del estreno de esta película en un accidente automovilístico-, ensaya algunas líneas del guión, por completo absorta en su papel, cuando de pronto, en un instante que no debe durar más de un segundo, gira el rostro a cámara y guiña un ojo. La sorpresa es tan grande, en particular si el espectador está realmente concentrado en el drama que se está desarrollando, que el efecto realista irrumpiendo desde la pantalla tiene la capacidad de perturbar momentáneamente el estado contemplativo de quien observa, aparentemente seguro de sus sentidos, desde la butaca. Una capa de realidad irrumpe con fuerza desde el fondo de esa otra realidad en construcción que es el ensayo antes del rodaje, un impagable instante de Verdad. Luego Christopher Lee se dedica a la lectura del último párrafo de la novela de Stoker, y el sonido extemporáneo le cede el lugar a la inconfundible tonalidad de voz del actor británico. Vampir es, desde todo punto de vista, una experiencia inolvidable.

Información

Artículo escrito por Diego Brodersen sobre la película Vampir-Cuadecuc. El mismo fue publicado en el catálogo de la 8ª edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) con motivo de la retrospectiva fílmica dedicada a Pere Portabella. La retrospectiva tuvo lugar en dicho festival y en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires en mayo de 2006.

Cuadecuc Lee

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